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28 June Paranoia. Capítulo 1: Ningún boludo.El señor Ordóñez se dio cuenta esa mañana de que nada era en su vida como antes lo había observado. La gente a su alrededor no eran simples extraños a los cuales él se cruzaba cada mañana, tarde y noche por la calle en su camino al laburo; a la panadería a comprar doscientos de bizcochos de hojaldre, no de pan; al quiosco por los puchos, Imparciales 100, no otro; a la pizzería a por una fugazza grande, nunca una fugazzeta. No. Todos (todos), aún sus anteriormente confiables compañeros de trabajo; esos con los cuales hacía todos los viernes la polla; todos; aún su siempre chata y predecible mujer, y sus tres hijos, los cara-de-nada; todos; aún la tía Julia, que siempre había sido su compinche, la que lo ayudaba cuando tenía quince a escaparse de casa para irse al cabarulo; todos, eran meras máscaras del complot. Porque el señor Ordóñez, despistado como era, esa mañana no se le había escapado los movimientos extraños que todos (todos) estaban realizando esa mañana, aún con lo despistado que era. Era tan, pero tan evidente que se traían algo entre manos que les dio asco. Y desde ese momento, cada movimiento, cada gesto, cada media palabra, el guiño de ojos de todos los días del vigilante de la puerta de la fábrica, la caricia en la espalda que Agustina, la secretaria de Speguzzini, de compras, le hacía y que siempre había tomado como claro indicio de que quería acostarse con él (y que, siempre se decía, el día que con María, su mujer, estuvieran mal, le iba a dar luz verde, porque " 'Agus' está muy buena"), el descuento (pensaba el señor Ordóñez) que el de la pizzería "La Inmortal" le hacía cada domingo en la fugazza - nunca fugazzeta -porque supuestamente era buen cliente, todo todo, era mentira. Estaban contra él y él finalmente se había dado cuenta, a pesar de lo despistado que era. Bronca. Bronca era lo que tenía, tanto el pelo se lo habían tomado, tanto hazmerreír sido había. Tanta bronca que no coordinaba ya el órden de las palabras en su cabeza. Bron-ca, así se lo dijo para ser más enfático. Es que el señor Ordóñez será tan despistado pero no le gusta que lo tomen por boludo, no señor. Y así, con bronca, se apuró a entrar a su oficina (un sucucho sin ventanas en mitad de la fábrica, en mitad de los ruidos, en mitad de su entrecejo) dejando a Jorgelópez con el saludo atragantado. Entró, si, entró con bronca, como una tromba en el sucucho y se sentó, a dejar fluir su bronca, como debe, con semblante enfático y en silencio. Silencio sepulcral, pensante. Pensante, concentrado, en sus próximos pasos. Pero al mismo tiempo ojeando los movimientos de todos a su alrededor, porque el señor Ordóñez será muy despistado, pero como boludo, no lo van a tomar. Ningún boludo. TrackbacksThe trackback URL for this entry is: http://carrefourdevie.spaces.live.com/blog/cns!C092BFE48FBBA0EB!169.trak Weblogs that reference this entry
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